
Manso al habla.
Hola a tod@s! Ayer fue un día de furia… y no me refiero a mi compañero de andanzas sino a la presión atmosférica.
Hay días, en mi caso la mayoría, en los que vale aquello de “love is in the air”, pero hay otros, pocos pero muy intensos, en los que el aire que respiramos parece más denso de lo normal y nuestra irritabilidad está a flor de piel, lo que conlleva una disminución considerable de nuestra capacidad de interacción no solo con los demás seres humanos sino también con las máquinas.
Como diría Tomás Molina (presentador del tiempo en la televisión catalana tv3), ayer el cielo amaneció “tapadot”. Parecía que quería llover pero no acababa de hacerlo. Curiosamente llevábamos un par de días así, trabajando en una canción que habla sobre el tiempo y sintiendo la presión atmosférica sobre nuestros hombros…
Dicha canción es la 5a que llevamos grabada para el nuevo álbum de Delafé y las flores azules y la primera que parece encallarse. Por lo general al producir un álbum surgen mil ideas que evolucionan y se destilan de manera natural hasta encontrar su lugar en las canciones, pero siempre hay una en la que el tiempo parece detenerse con un nubarrón encima y se encalla sin que nadie sepa exactamente porqué. Y claro tenía que ser justamente la que habla sobre el propio tiempo.
Enfín, llevábamos toda la mañana en este clima enrarecido, tratando de avanzar entre arreglos y discusiones cuando decidimos parar e ir a comer, a ver si así nos despejábamos un poco. Antes de dejar el estudio hago siempre una copia de seguridad en un disco duro externo que luego me llevo conmigo, pero esta vez, entre prisas y nervios copié la canción en la papelera en vez de en el disco duro y a continuación vacié la papelera casi como en un acto reflejo guiado por el subconciente colectivo o por una especie de destino justiciero… Shiiit!
“Panic in the disco!”… y se desató la tormenta: chicos, acabo de borrar el trabajo de los últimos dos días!
Lo que vino a continuación ya os lo podéis imaginar: el hombre contra la máquina. LLamadas a colegas, cada uno aconsejándome un software diferente, todos supuestamente milagrosos y la tarde y parte de la noche perdidas entre barras de progresión y más de 10.000 archivos de sonido recuperados pero también amablemente renombrados.
Esta mañana el cielo no ha amanecido limpio y despejado (lo que me habría ido de fábula para acabar este artículo) sino densamente cubierto. No obstante, tras mi sesión diaria de footing y mientras escribía esta última frase, un rayo de sol me ha iluminado durante unos segundos, inundando la casa con la luz de la mañana y no dejándome ver la pantalla del ordenador, para luego desaparecer. Y no es un recurso literario barato, es absolutamente cierto, lo prometo… caprichos del tiempo.
Mi ordenador ha guardado para siempre la canción que hablaba del tiempo, del mal tiempo, pero yo he ganado la batalla. Hoy empezaremos a grabarla de nuevo, renovada, más luminosa y con la lección bien aprendida. Todo es para bien.
Y como canta mi amigo Morti: “El tiempo no existe”.
Un abrazo luminoso
Manso











De tot s’apren alguna cosa…